05/09/2008
Durante su reciente visita a la capital georgiana, Tiflis, el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, ha rechazado la invasión rusa de Georgia y ha prometido al presidente georgiano Saakashvili todo su apoyo, incluido el económico: 700 millones de euros para la reconstrucción de lo dañado.
Pocas dudas hay de que en ese dinero se incluye también ayuda para reorganizar el Ejército georgiano, derrotado fácilmente por el ruso. Cheney ha insistido en que Georgia tiene que entrar en la OTAN, con lo cual la tensión entre Estados Unidos y Rusia se va a mantener.
El presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, anunció hace una semana su estrategia de política exterior, y uno de su principios es no permitir la entrada de fuerzas extranjeras en el Cáucaso. De momento, Rusia no ha conseguido que ninguno de sus aliados reconozca las independencias de Abjasia y Osetia del Sur, escindidas de Georgia, pero sí ha demostrado que tiene amigos en la región.
Los ministros de Exteriores de Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán han emitido un comunicado en el que respaldan “la labor de Rusia para conseguir la paz en el Cáucaso”. Y ahora Cheney llega a Ucrania para traspasar otra de las líneas rojas de Moscú: animar al presidente Yuschenko a que siga pidiendo la entrada en la OTAN. Hay crisis caucásica para rato.
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